¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, dos hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Tras orar con el Evangelio de este domingo, queremos detenernos especialmente en la figura de José. Centrémonos en la frase que le describe: “José que era justo”. Cuantas veces nosotros no somos justos: porque no sabemos ponernos en el lugar del otro, porque pensamos mal de los demás, porque murmuramos, porque no hacemos un uso cristiano de nuestro dinero (que nos lleve a la austeridad para compartir),porque no agradecemos…
Para vivir el Evangelio de esta semana, os sugerimos analizar todos los comportamientos que tenemos, que hacen de nosotros personas que no “son justas”. Intentemos ver cómo debemos proceder para transformar dichos comportamientos en justicia. Piensa qué puedes hacer, cómo puedes actuar, para que se vea en ti a una persona justa, para que lo seas. Tomemos nuestras conclusiones en la recta final del Adviento y hagamos desde ellas nuestro proyecto para vivir los días de Navidad. Si somos justos, si pensamos en el que está solo, enfermo, triste, sin nada para comer, sin hogar, sin personas que le den afecto…. es seguro que nuestra Navidad andará muy alejada de los consumismos que ahogan y nos esclavizan, de los materialismos que nos nublan la perspectiva y la visión. Es seguro que nos centraremos en lo que viene de Dios y nos alejaremos de lo que llega del mundo.
En una representación navideña en el colegio de nuestros hijos hubo una escena muy significativa, que todos niños captaron perfectamente y que fue un toque de atención para los mayores que estábamos allí. En el escenario había unos pastores, que nos representaban a nosotros. Unos ángeles les despertaron de su sueño anunciándoles al Salvador. Y se pusieron como locos a buscar la estrella de Belén para ir a verlo, pero no la encontraban. De repente se dieron cuenta que la estrella estaba escondida en un rincón. Cuando se acercaron la estrella salió huyendo asustada. Tras una persecución en toda regla, la atraparon. Y al preguntarle por qué corría, por qué no brillaba para enseñarles dónde estaba Jesús, la estrella les respondíó que estaba cansada de que cada año salía y mostraba dónde estaba el Niño y casi todas las personas se hacían muy buenos propósitos para Navidad… pero que luego eran mentira. Por eso ella se había escondido. Los pastores le dijeron que ese vez iba a ser distinta su Navidad, que iban a cambiar de verdad sus “malos” comportamiento y la estrella les obligó allí mismo a iniciar ese cambio con gestos que viéramos todos, ante el aplauso espontáneo de los niños.
Demos nosotros también un paso real en esta última semana del Adviento, encontrando ese camino de justicia que nos lleve hacia el niño Jesús, que nos marque los pasos en la Navidad y nos ayude a entrar como dicen los chavales, “en otra onda” de vida, en el año que va a venir, más cercana a la que nos marca el Salvador.
Y para lograrlo también os proponemos para vivir estos días, orar en intensidad invocando al Espíritu Santo. Como María y José, tengamos fe y el Espíritu nos guiará. Dejemos que sea el Espíritu el que nos ayude a transformarnos por dentro, a convertir nuestro interior en “lugar acogedor para el Niño Jesús”.
