¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LOS NECESITADOS
(hombre, casado, dos hijas, trabaja en caritas, pertenece a movimiento seglar)
Cuando estudié trabajo social tenía claro que quería aportar mi grano de área en el anuncio del Reino de Dios en el compromiso con los empobrecidos, con las personas excluidas en nuestra sociedad. En la lectura se plantea que a Jesús le reconocemos porque “los ciegos ven … los inválidos andan… y a los pobres se le anuncia el Evangelio”, y nosotros estamos llamados a ser “las manos” de Jesús en ese anuncio del Evangelio, de la Buena Noticia.
Sin embargo, creo que en muchas ocasiones me anuncio a mí mismo, mi profesionalidad, mis ideas, mis acciones. No se trata solo de que lo que me motiva a trabajar por los demás sea el construir un mundo mejor, sino en ser consciente de verdad que somos instrumento de Dios, que Dios se vale de nosotros, con nuestras debilidades, para transmitir la Buena Noticia: que nos quiere, que nos quiere como nadie nos ha querido jamás. Tan solo desde la humildad podemos ser signos de esperanza. Es tan fácil buscarse a uno mismo y anunciarse a uno mismo aunque nuestras acciones sean estupendas. Y al final, solo se trata de eso, de sentirse, desde la humildad, instrumento de Dios.
DESDE LOS ABUELOS
(mujer, casada, jubilada, 3 hijos, 2 nietos, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)
Leyendo este evangelio me encuentro con un Juan que no tiene las cosas claras, y duda y pregunta, y me desconcierta, pero ¿cómo? ¿no es este el mismo Juan que saltó de gozo en el vientre de su madre cuando María fue a visitarla?. ¿El mismo Juan que bautizó en el Jordán a Jesús?… Y ahora es ese mismo Juan el que manda preguntarle: “¿Eres tú el que ha que venir o tenemos que esperar a otro?”. Pero…¡qué le pasa!. En mi desconcierto siento que me identifico con él, que a veces me pasa lo mismo, dudo y me pregunto ¿A quién estoy esperando?. ¿Por qué nos venimos abajo cuando las cosas no salen como queremos?. ¿No será que me creo imágenes de Dios que no son del todo correcta?, soy prisionera como Juan en la cárcel de mis sueños, de mis deseos, y doy por supuesto que Jesús es el que tenía que venir, el Mesías, el Señor. Y vivo la ilusión de Jesús, pero quizás no la verdad de Jesús. Y Él, como tantas veces, me contesta con la Palabra de Dios. Son los signos de la vida que trae el Mesías: “id y anunciad lo que estáis viendo y oyendo”. “Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti”. De nuevo el Señor me apremia a ir yo también anunciando el mensaje de salvación, entre mis hijos, mis nietos, mis amigos, a ser entre ellos el mensajero que les indique el camino. Es el momento para superar el miedo y la incoherencia y preparar, como Juan Bautista, los caminos de Aquel “que tiene que venir”.