(hombre, casado, espera tercer hijo, trabaja, miembro activo de dos movimientos sociales, pertenece a comunidad cristiana)
A veces, en la vida, tenemos las certeza de que Dios nos está hablando a través de una persona o situación con tremenda claridad. Es como si de repente cayeras en la cuenta y supieras “con el corazón” algo que sólo intuias o que no te creías de verdad. Estos momentos, al igual que la transfiguración, nos recuerdan que Dios se manifiesta constantemente y se hace presente en nuestras vidas, a pesar de y en todo lo malo que haya. Nos insiste en que no tengamos miedo. nos llena de esperanza y renueva nuestra utopía.
Y hoy creo que es bueno recordar que el lugar privilegiado de encuentro con Dios es el pobre, el excluido. Por eso, para los cristianos, el acercarnos y compartir la suerte de los últimos de nuestra sociedad es una gracia de Dios que no debemos rechazar por miedo, sino cultivar y fomentar.