¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, tres hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Recuerdo una anécdota con respecto a esta lectura. Estaba en misa, con mi novia, la que ahora es mi mujer, y al final de la eucaristia, para mi sorpresa, ella entra a la sacristía y entabla una “discusión teológica” sobre la lectura que nos ocupa con el párroco. Yo no había caido en la cuenta, pero al vivir en ese estado “vaporoso” del enamoramiento, ella discutía que por qué no podiamos vivir en la gloria por siempre juntos (yo no soy nada romántico, pero me hizo ilusión cómo mi novia se enfrascaba con el sacerdote en esa discusión…). El caso es que, a toro pasado, saliendo de esa época tan bonita de “mariposas en el estómago”, me viene una explicación para poner en práctica esta Palabra: el enamoramiento es un sentimiento muy fuerte que te impulsa a hacer locuras, a vivir embobado, a “flotar en el aire”, a no comer a veces por el estado de ensimismamiento… Sin embargo, esa etapa pasa, y el amor pasa de ser un sentimiento a ser una intención, pasa a convertirse en una acción, a plasmarse en hechos en el dia a dia, a intentar desde por la mañana hacer más feliz la existencia a tu pareja, con pequeños detalles, con simples gestos, afrontando a veces juntos, incluso dolores, pruebas duras. Es un amor distinto, pero no peor. Es enfocado de otra manera, más serena, confiando el uno en el otro, volviendo a empezar cada vez que uno cae, siendo misericordiosos…Todo esto hace cada dia crecer la relación de pareja de una manera más sostenida, más eficaz, más edificada sobre la roca…
Pues bien, con nuestra relación con el Señor pasa algo parecido, al fin y al cabo todo es amor.
Si nos quedamos en la nube, en el estado vaporoso, sin mirar más adelante, en el sentimiento… Quizás sea tan frágil nuestra respuesta que ante la primera adversidad rompamos nuestra alianza con el Señor.
En cambio, poniendo nuestras miras en un horizonte más sobrenatural, no nos queda otra que este sentimiento se convierta en una intención, un ponernos rápidamente a amar al otro, a ser concretos, a “bajar al suelo”, en definitiva, a acercarnos a la miseria para intentar redimirla.
Por tanto, enamorados sí, pero con una intención clara de fundamentar nuestra relación en el amor concreto. A veces esto será más duro, más cansado, pero a la postre, más fundamentado y por tanto recompensado.