¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, tres hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
La parábola, al igual que el Domingo pasado, nos sigue aclarando la forma en que Jesús quiere que oremos, pero no sólo eso, podemos sacar muchas cosas a nivel práctico que nos harán plantearnos sobre todo, con qué ojos miramos a los demás. Nos invita a analizar cómo son nuestras relaciones para con los otros, nuestra acogida, nuestra forma de “etiquetar” a los que pasan a nuestro lado, a los vecinos, a nuestros compañeros de trabajo…nuestro “descarte”, sin previo conocimiento de la persona y de las circunstancias que le rodean, a posibles candidatos a participar, a colaborar en la parroquia, en el trabajo… A veces vamos por una acera, caminando haciendo eses (me retiro un poco por que aquel no tiene buena pinta, por que viene tal conocido que puede molestarme, por que aquel otro, igual me va a pedir algo…) La humildad que refleja en su actitud el publicano, nos da la clave, si de antemano nos reconocemos pobres pecadores, necesitados de la misericordia del Señor y de nuestros hermanos, empezaremos a ver a los otros con nuevos ojos, a considerarlos a todos hermanos en Cristo, sin prejuicios ni descartes a priori, candidatos válidos a la fraternidad universal…