DESDE EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA

(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)

Últimamente son muchos los compromisos, los encuentros, los ejercicios, las convivencias, todos “los berenjenales” en los que “estamos metidos”, es decir, no hemos tenido un “fin de semana libre”. Por un lado, esto es muy bueno, porque hemos vivido y disfrutado de momentos comunitarios, de momentos con los jóvenes, etc, pero por otro lado y, aunque ha sido fruto de la casualidad que todo se celebre en semanas tan seguidas; no hemos podido pasar un fin de semana juntos los dos y juntos con nuestros hijos. ¿Hasta qué punto Dios nos pide que dejemos “nuestras cosas” para atender a las suyas? O acaso ¿existe distinción? Nuestra familia también es cosa de Dios, disfrutar de nuestro matrimonio, disfrutar de los nuestros, eso es obra de Dios. Cuando Dios te llama, te toca dentro, las medias tintas no valen. También es verdad, que tenemos mucha suerte, porque ambos, el matrimonio vivimos en comunidad y nos entendemos perfectamente y cada uno de nosotros tiene sus momentos de formación, de oración, de convivencia y el otro cuida de los niños, nos turnamos y, en ocasiones, también vivimos juntos la espiritualidad, la vida comunitaria, etc. En fin, que lo importante para nosotros, no es vivir hacia dentro de nuestra vida familiar, (aunque también alimentamos y cuidamos nuestros momentos de estar sólos, de vida matrimonial), sino que ésta se proyecte hacia los demás, o por lo menos eso es lo que intentamos: seguir al Señor, cuando nos llama.


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