(por hombre, casado, con tres hijos, trabajan ambos, en vacaciones)
El mes de agosto en vacaciones para mi familia es sinónimo de convivencia. Desde pequeños nuestros padres nos enseñaron que la familia es la primera comunidad, y que además esta familia no se acaba en hijos, padres y abuelos, los primos y tios forman parte de ella. Este ejemplo lo hemos acogido con orgullo, y el otro día acudimos a misa cuarenta y ocho miembros de mi familia, mi amplia familia, lo que es motivo de agradecimiento a Dios por todo lo que nuestros padres nos han enseñado. Por eso la dura y compleja lectura del Domingo, aparte de recordarme lo bueno y lo malo de la convivencia en familia, me tiene que llevar a una profunda reflexión: lo podría resumir con la confrontación de dos palabras, autenticidad y tibieza. Jesús nos pide que seamos auténticos, no quiere tibiezas ni medias tintas, y esa autenticidad a buen seguro nos traerá dificultades, e incluso confrontación, incluso en nuestro lugar más querido, nuestra familia, pero no debemos temer, ese debe ser el camino, nadie dijo que fuera fácil. Autenticidad, palabra en desuso, que Jesus nos pide de modo rotundo, que se convierta en nuestra carta de presentación, hagamos lo posible por intentarlo. Un abrazo.