(mujer, casada, jubilada, padece enfermedad degenerativa, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)
En este domingo, festividad del Cuerpo de Cristo, el evangelista nos presenta el episodio archiconocido para nosotros de la multiplicación de los panes y los peces. Pero la Palabra de Dios, siempre viva y sugerente, pone de manifiesto la gratuidad de Jesús con sus seguidores: enseña a las multitudes y les da de comer. Evangelización y servicio van unidos en nuestro proceder cristiano. Ante el problema de la falta de alimento, los discípulos buscan la solución desde fuera, pero Jesús soluciona el problema desde dentro: “dadles vosotros de comer” y de qué forma, por grupos, y así es más fácil la caridad.
Retomando las palabras de Lucas, la eucaristía es el acto de alzar la vista al cielo, bendecir y repartir lo que tenemos. Y lo que tenemos, es a veces tan poco como el sufrimiento, las pocas fuerzas, el miedo al dolor, la angustia que provoca el ver sufrir a nuestros seres queridos… pero la experiencia nos dice que a pesar de todo, comemos, nos saciamos y recogemos sobras.
La eucaristía, sacramento de la vida nos fortalece, alimenta y provoca que enfrentemos los problemas de otra manera.
No perdamos la ocasión de dar al que lo necesita aunque nos parezca que es poco.
DESDE LA ENFERMEDAD
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