DESDE LO SOCIAL

(hombre, casado, con tres hijos, trabaja, miembro y directivo de movimientos sociales, y de grupo cristiano)

La fiesta de hoy es algo así como la culminación de este tiempo de dicha y alegría de la Navidad. Dios no sólo está ya aquí con nosotros en la persona de Jesús, sino que comienza su “misión pública” para anunciarnos a todos la Buena Noticia y explicarnos su proyecto de Reino.
Qué buena señal sería que cada uno de nosotros tuviéramos frescos en nuestra memoria aquellos momentos de nuestra
vida en los que Jesús “se nos presentó”, al igual que a Juan el Bautista. Porque nuestro bautismo, generalmente recibido de recién nacidos, es el inicio de un proceso de conversión de corazón y de relación personal con Jesús. Un proceso jalonado por hitos significativos, por momentos especiales, en los que somos llamados a hacer realidad nuestro bautismo, confirmando nuestro compromiso, ya de adultos, de querer vivir según el camino que nos marcó Jesús.
No podemos normalmente llevar a plenitud ese compromiso cada uno por nuestra cuenta, individualmente. Tenemos que avanzar por ese camino juntos, en comunidad, y transformando la sociedad en la que vivimos, hacia otra con más amor, con más paz, con más justicia y con más libertad. Y hacerlo optando por una vida de servicio no centrada en nosotros mismos y nuestros estrechos intereses, sino en el Reino de Dios que Jesús vino a anunciarnos.
Yo le doy gracias a Dios por el don de su Espíritu recibido en nuestro Bautismo, y le pido que nos ayude a ser conscientes de nuestro compromiso de adultos bautizados y a saber responder a sus llamadas que concretan nuestra misión.


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