(matrimonio, dos hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Esta parábola nos puede interpelar a creer en el perdón, en las nuevas oportunidades (que a veces pueden ser la número “tropecientos”). Y esto puede referirse hacia los demás o también respecto a nosotros mismos. Pero esta “nueva oportunidad” no puede convertirse, como muchas veces hacemos, simplemente en dar más tiempo. A ver si con el paso de los días, casi por arte de magia, tal persona decide cambiar, o yo me pongo a vivir una vida más plena. Esto a lo sumo puede servir simplemente para aliviar nuestra conciencia o mejorar nuestra “autoestima”. Tal como indica la parábola el viñador, en esa “última oportunidad”, va a “cavar, a echar estiércol…”; es decir se requiere el esfuerzo, a veces titánico, para que finalmente los frutos puedan aparecer. Os proponemos analizar nuestra vida, para dilucidar si podemos dar esa “nueva oportunidad”, pero oportunidad “activa” a una actitud propia o ajena, o incluso a un persona, colectivo…a quien ya habíamos dado por “perdido” en nuestro interior. Atrevámonos a hacerlo y pidamos al Señor fuerza, constancia y sabiduría para llevarlo a cabo.
PARA VIVIR ESTA SEMANA
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