(matrimonio, dos hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Al leer la Palabra de Dios de este domingo nos ha venido la imagen del momento actual. Como nos dice el Evangelio, en la tierra ahora hay angustia de las gentes enloquecidas por el estruendo que causa la crisis (que podría asimilarse a un mar con gran oleaje). Los hombres están sin aliento por el miedo y la angustia, por lo que se le viene encima al mundo. Nosotros hemos de tener cuidado que no se nos embote la mente con los agobios de la vida. Porque nos dice también el Evangelio que habrá signos en el sol, la luna y las estrellas, que veremos al Hijo del Hombre venir con gran poder y majestad. Y nos sigue diciendo que hemos de estar atentos, despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que venga y mantenernos en pie ante el Hijo del Hombre. Para vivir esta semana primera de adviento os sugerimos duplicar las “dosis de ORACIÓN”, ampliar el tiempo que dedicamos a estar “conexión” con el Padre. Hemos de priorizarlo en nuestra agenda, darle un espacio sagrado para que podamos mantenernos atentos (y despiertos) a los signos que nos vienen de Dios. Desde la oración nos llegará la fuerza necesaria para no caer y vivir el día a día desde la fe y la voluntad del Padre.
Mantengámonos ALERTA, sin que nada entorpezca nuestra mente. Lo que da sentido a nuestra vida y le da plenitud son acontecimientos muy sencillos que requieren de una actitud personal de disposición a la escucha. El adviento adquiere relevancia porque en la medida que estemos EN VELA, pendientes de la venida de Dios, de su presencia, podremos descubrir su acción en nuestra realidad y podremos comprenderla como aquella que nos libera y no llena de gozo.
Mantengámonos ALERTA, sin que nada entorpezca nuestra mente. Lo que da sentido a nuestra vida y le da plenitud son acontecimientos muy sencillos que requieren de una actitud personal de disposición a la escucha. El adviento adquiere relevancia porque en la medida que estemos EN VELA, pendientes de la venida de Dios, de su presencia, podremos descubrir su acción en nuestra realidad y podremos comprenderla como aquella que nos libera y no llena de gozo.