(hombre, casado, espera tercer hijo, trabaja, miembro activo de dos movimientos sociales, pertenece a comunidad cristiana)
El sabernos y sentirnos salvados por el amor de Jesús no debe hacer que nos descuidemos. De hecho la consecuencia más natural de ese amor que Dios nos tiene, debería ser una respuesta igualmente gratuita y oblativa que diera los frutos de la justicia y la paz. Por eso, y con la seguridad esperanzada de que el Reinado de Dios se implantará en nuestro mundo, hemos de trabajar para que la fraternidad (de la mano de la igualdad y de la libertad) sea una realidad en nuestra sociedad, sobre todo entre los olvidados de este mundo. ¿Estamos atentos para saber concretar ese amor a los demás?