(mujer,casada, con cuatro hijos, trabaja en asesoría económica, pertenece a comunidad cristiana)
¡Que bonito es la alegría y el brillo de los ojos de un niño cuando espera la navidad, la ilusión, la esperanza en que sus deseos se hagan realidad!
Los mayores vivimos el adviento con desenfreno, comilonas que preparar, loterías, regalos por comprar, idas y venidas familiares y de encuentros para celebrar lo que el mercado califica como “Navidad”. Realizamos pequeñas donaciones del presupuesto familiar que nos hacen sentirnos un poquito mejor, pero en nuestro foro interno sabemos que todo esto no prepara nuestro corazón para la venida del señor.Debemos de soñar, inocentemente, como nuestros hijos, en reanudar o continuar en el camino de la fe intentar aislar a nuestras familias y a nosotros mismos de los deseos materiales que nos acechan, transformándolos en deseos de esperanza en un mundo mas humano guiado por el Señor.