(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)
A veces, es normal que las propias familias sean las más exigentes a la hora de cuestionarte tu vida matrimonial y familiar. Es decir, cuando vives en una comunidad cristiana, todos tus actos, tus palabras, las situaciones que vas viviendo, se miran con lupa por el resto de tu familia o por tus amigos, o por tus compañeros de trabajo. “Míralo, ese que se dice cristiano, mira lo que ha hecho o lo que ha dicho”. Hasta uno mismo lo hace en ocasiones, cuando su coherencia de vida no es la que creemos que debería tener. El comentario se hace con sorna. También es cierto que en estos tiempos corre un cierto “victimismo”, justificado o no, hacia los que confiesan ser cristianos y llevan casados mucho tiempo y se consideran felices y dichosos por ello; cierto es que no está de moda los compromisos para toda la vida, (el otro día salían datos espeluznantes sobre los divorcios y sobre la duración de los matrimonios en España). Incluso al juzgar las rupturas somos injustos: “sálvate a ti mismo, ya que eres cristiano”. En fin, que “crucificamos a muchos reyes”. Ojalá Dios, a pesar de todo, se acuerde de nosotros y de nuestras familias cuando llegue su Reino.