PARA VIVIR ESTA SEMANA

(matrimonio, tres hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

El ser humano está llamado en cualquier circunstancia a buscar la felicidad. Y absolutamente en todas las circunstancias, para que la felicidad perdure en el tiempo, necesita que nos demos  a los demás. En la medida en que nos damos al otro, más felices somos. Y no hay otra, podemos buscarle 7.000 vueltas y excusas, que el resultado de la ecuación siempre es el mismo: soy feliz si me doy.
Jesús en el evangelio, va más allá, nos pone una medida del amor al otro, “Dar la Vida”. No se anda con rodeos, ¿es imposible?-podíamos decirle-. Él nos contestaría:  -Ah no, eso sí que no, por que yo, hecho hombre, lo probé en “mis carnes”, y sé que es posible.
Es verdad, no podemos reprocharle nada, predicó con el ejemplo además de con la palabra. Y si Él pudo… ¿por qué no nosotros…? Lo de ponernos esa meta del amor que vamos a tener con nuestros hermanos, con nuestros prójimos, también es pedagógico a la hora de ponernos manos a la obra. Por eso, con quien podamos y tengamos confianza, no dudemos en declararles abiertamente nuestro deseo y compromiso de que queremos dar la vida por ellos. Con el que no tengamos ese grado de confianza, digámonos dentro: “estoy dispuesto a dar la vida por ti”. Con los que sí podamos, hagamos ese ejercicio, aunque nos dé un poco de vergüenza, y digámosle: Oye, quiero dar la vida por ti, esa quiero que sea mi medida de amor contigo.
Ya nos hemos comprometido con algo serio, en ese momento, nuestra relación con el otro dará un salto de calidad, será más evangélica, más llevadera, nos dará más paz interior… ¿Cabrán entonces en nosotros juicios de valor o críticas al otro, cuestionaremos sus peticiones, analizaremos desde la perspectiva “piensa mal y acertarás” lo que nos dice…? ¡¡Qué va!!. Pues ala, esta semana toca declararnos, pero no precisamente con la novia o el novio, aunque también.


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