(matrimonio, tres hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Quizás de las evocaciones más bonitas sean la del Señor como “Buen Pastor”. Y sin embargo, en los tiempos en que vivimos, pueden “chirriar” en los oídos estas palabras: ovejas, pastor, redil… Y ¿por qué?. Pues por que el hombre ha optado por confiar sólo en sus fuerzas, en forjar una personalidad donde no cabe Dios, en la cual no tiene sitio el prójimo…
La pena es que no han experimentado la paz que da abandonarse en Alguien cuyos mandatos, justos y llevaderos como ninguno, lo que hacen es llenarnos plenamente de sabiduría y humanidad. Eso es lo que debemos de tener claro.
No puedo dejar de recordar aquel salmo en el cual, hablando del “Buen Pastor”, dice: “Me conduces tras de ti, por verdes alturas, hacia fuentes tranquilas allí, donde el agua es más pura…” ¿Sabéis lo importante que es esto para un oveja?… Pues lo trasladamos a nuestra vida,
a nuestras necesidades, a nuestros miedos, a nuestra búsqueda de la paz y la tranquilidad. Sólo confiando ciegamente en Él, aunque nos cieguen las tinieblas, los dolores, aunque caminemos por “barrancos peligrosos y oscuros”, nada debemos temer, su vara y su cayado nos conducen, su Amor, su brazo nos acoge. ¡Qué distinta veríamos la vida, los problemas, si confiáramos más en el Señor!
Cuidemos también nuestro aspecto de “buenos pastores”: con nuestros hijos, con los chavales a los que catequizamos, con las personas que confían en nosotros, y asumamos esa gran responsabilidad intentando ser el prisma por donde pasa la luz de Dios.
La pena es que no han experimentado la paz que da abandonarse en Alguien cuyos mandatos, justos y llevaderos como ninguno, lo que hacen es llenarnos plenamente de sabiduría y humanidad. Eso es lo que debemos de tener claro.
No puedo dejar de recordar aquel salmo en el cual, hablando del “Buen Pastor”, dice: “Me conduces tras de ti, por verdes alturas, hacia fuentes tranquilas allí, donde el agua es más pura…” ¿Sabéis lo importante que es esto para un oveja?… Pues lo trasladamos a nuestra vida,
a nuestras necesidades, a nuestros miedos, a nuestra búsqueda de la paz y la tranquilidad. Sólo confiando ciegamente en Él, aunque nos cieguen las tinieblas, los dolores, aunque caminemos por “barrancos peligrosos y oscuros”, nada debemos temer, su vara y su cayado nos conducen, su Amor, su brazo nos acoge. ¡Qué distinta veríamos la vida, los problemas, si confiáramos más en el Señor!
Cuidemos también nuestro aspecto de “buenos pastores”: con nuestros hijos, con los chavales a los que catequizamos, con las personas que confían en nosotros, y asumamos esa gran responsabilidad intentando ser el prisma por donde pasa la luz de Dios.