(matrimonio con dos hijos, voluntarios de ONG en país musulmán, trabajan en la misión, pertenecen a comunidad cristiana)
En el evangelio de este domingo nos sentimos identificados con Tomás, necesitamos ver para creer. En nuestra realidad tenemos la suerte de ver a Dios, a Cristo, cada día pues está muy presente tanto en la gente con la que tratamos: madres, niños, trabajadores, la gente que te pide por la calle… como en la comunidad cristiana, concretamente en las religiosas, pues ellas son una de las más hermosas pruebas palpables del cuerpo de Jesús resucitado.
El de este domingo es un evangelio lleno de detalles en los que pararse, desde el encierro de los discípulos por miedo a los judíos hasta la comprobación física de Tomás de la Resurrección de Cristo, pasando por los mensajes que Jesús les da a los discípulos. Nos gustaría quedarnos con el detalle de que, como le pasó a Tomás, creemos en la Resurrección a través del sufrimiento, sólo cuando vemos y tocamos y nos dejamos tocar por el sufrimiento ajeno, somos capaces de ver, con los ojos de la fe, el rostro del Resucitado.