DESDE LA MANIFESTACIÓN DE LA FE EN LA VIDA PÚBLICA

(Hombre, casado, padre de dos hijos, trabaja, miembro de la Junta de Gobierno de una de  las procesiones de Semana Santa)

¿De verdad, son tan inútiles las procesiones en Semana Santa?¿De verdad, que sólo son una “suntuosa” demostración de tradiciones históricas y artísticas?¿De verdad, que son solo un “teatro callejero” al servicio del turismo y la autocomplacencia?
Yo creo que este Evangelio contesta a todo eso y a mucho más. Dios Padre envío a Su Hijo para salvarnos. Para darnos Su testimonio directo y personal a través de Él. Cristo nos trajo Su luz. Su claridad. Su salvación. Y también su cruz. ¿Acaso no somos las cofradías en la calle, un testimonio vivo de Él? ¿Acaso no somos –al igual que Cristo- un mero instrumento de su infinita bondad? Nosotros “mostramos” su Pasión. Con nuestra pública manifestación de fe, difundimos su mensaje, su palabra. Y públicamente lo hacemos a nuestro estilo. En silencio. Es verdad que con la “magnificencia” de oros, platas y bordados heredados del barroco. Pero con coherencia y seriedad. A pesar de todos nuestros defectos, que son muchos, en lo básico, seguimos siendo útiles para difundir el infinito amor de Dios a toda Su creación. Cristo nos trajo Su cruz de martirio. Pero también nuestra salvación por ese martirio. Por eso para nosotros la cruz, más que un símbolo de muerte es de liberación Que seamos ejemplo con nuestra actitud, a cuantos disfruten en nuestra contemplación. Y seamos un ejemplo vivo de fe, de espiritualidad y de coherencia.

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