DESDE LA MANIFESTACIÓN DE LA FE EN LA VIDA PÚBLICA

(Hombre, casado, padre de dos hijos, trabaja, es miembro de la Junta de Gobierno de una de  las procesiones de Semana Santa)

Al igual que a Pedro… el “envoltorio deslumbrador” de nuestra actividad procesional cofrade, no nos deja ver –a veces- lo que de verdad nos debería importar. Y al igual que le pasa a Pedro…, nos sentimos tan a gusto portando a una imagen o bajo nuestra túnica nazarena, que no nos importaría quedarnos así eternamente. Pero no. La voz de Dios Padre los llevó a la realidad. Todo aquel “envoltorio” maravilloso que llevó a los tres apóstoles a desear quedarse plácidamente allí… no era más que un paso estacional hacia lo trascendente: “Este es mi Hijo. Escuchadlo”. No se puede decir más…, con menos palabras; “Escuchadlo…”. Para los tres, no fue más que una ensoñación. Sólo les quedó Jesús… y una voz que dijo: “Escuchadlo…”


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