(Matrimonio con dos hijos, trabajan ambos, pertenecen a movimiento conyugal)
Si cerramos los ojos, podríamos imaginar a los pastores como un grupo de niños, alborotadores y divertidos, que tras recibir el anuncio del Ángel, acudieron curiosos y veloces a Belén a ver a Aquel niño recién nacido. Fue la contemplación del mismo Dios hecho hombre, hecho bebé, lo que los transformó y les hizo volver dando “gloria y alabanza a Dios”.
Ojalá ese sea el dios que transmitamos a nuestros hijos, un Dios que transforme, un Dios que les dé alegría, un Dios que les haga saltar de júbilo y alabar Su creación, un Dios que les haga pregonar todo lo que de Él hemos aprendido, un Dios que, al fin y al cabo, sea para ellos Camino, Verdad y Vida.
Ojalá ese sea el dios que transmitamos a nuestros hijos, un Dios que transforme, un Dios que les dé alegría, un Dios que les haga saltar de júbilo y alabar Su creación, un Dios que les haga pregonar todo lo que de Él hemos aprendido, un Dios que, al fin y al cabo, sea para ellos Camino, Verdad y Vida.