(mujer, soltera, profesional, seglar del tercer mundo, comprometida con la promoción de su pueblo, pertenece a grupo cristiano)
Es muy común entre los seres humanos, sentirnos muy orgullosos de los que somos y de las posiciones que ocupamos dentro de la sociedad, confundiéndolo muy a menudo con el cumplimiento de las exigencias mucho más elevadas del evangelio. Reconocer que como seres humanos tenemos fallos y que nuestras acciones no siempre van encaminadas a responder a las exigencias del reino (igualdad, fraternidad, respeto por el prójimo, preocupación real y efectiva por los que sufren), es el principio de la búsqueda del crecimiento personal y comunitario.
En medio de las grandes diferencias sociales que existen en el tercer mundo, sería positivo pensar desde la realidad de cada quien, si realmente se está respondiendo a las exigencias evangélicas a las que estamos llamados en nuestro medio, o si por el contrario sólo estamos asumiendo posiciones cómodas socialmente.