((hombre, casado, con tres hijos, trabaja, miembro activo de dos movimientos sociales, pertenece a comunidad cristiana)
Vivimos un tiempo donde se repite hasta la saciedad que “la cosa está muy mal” y parece que la única solución (vendida a machacamartillo por los principales partidos, los medios de comunicación, los grandes empresarios, la UE y los terroríficos mercados) es que los más humildes del mundo de aquí y de allí “se aprieten el cinturón”. Y he aquí que Mateo nos recuerda que debemos “preparad el camino del Señor, allanando sus senderos”. Y que debemos comenzar convirtiéndonos. Yo creo que una gran parte de la conversión debe consistir en superar: la indiferencia, la escasa participación en las cuestiones comunes y públicas, el derrotismo o pesimismo, el poner las soluciones en poderes alejados de la ciudadanía,…
Y Mateo nos sigue hablando de la Esperanza que está al llegar y nos dará ese Espíritu Santo para construir un mundo mejor. Para eso es necesario que, desde la escucha de la Palabra y la oración, elijamos una austeridad solidaria y liberadora, un compromiso personal y comunitario que defienda la vida y lo débil.
Así, podremos ayudar a descubrir y, a demostrar con hechos, que la solución no es el “recorte”, sino la solidaridad con los más apaleados, la defensa de sus derechos más básicos, la construcción de una sociedad guiada por el bien común, donde el dinero y lo financiero, estén al servicio de las personas (y no al revés), donde se someta a los mercados a una lógica humana y liberadora, y donde, en fin, las necesidades y los sueños de justicia de la mayoría de los humanos acaben doblegando al afán de lucro y poder de esa ínfima minoría de personas, que intentan apropiarse del mundo.
DESDE LA SOCIO-ECONOMÍA
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