(matrimonio, tres hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
En la lectura se nos habla del signo del “bautizo de agua”, es sólo eso, un signo de lavarse por dentro, para empezar una conversión verdadera.
Hagamos nosotros en este tiempo un signo ante Dios. Despojémonos de algo a lo que estemos apegados, o pongámonos una señal, una pulsera, un pañuelo, que nos ayude a recordar que hemos empezado nuestra conversión.
Imaginémonos que somos la Virgen María, recién embarazada de Jesús, tenemos que cuidar esa “habichuelita” que va creciendo dentro. En la primera etapa del embarazo, no debemos alterarnos, debemos “contar hasta diez” antes de explotar, ser mansos y tolerantes con el otro. Así iremos entrando en el ambiente de un verdadero adviento. Tendremos las lógicas “molestias matutinas”, no nos apetecerá comer( hacer oración), estaremos mareados con náuseas (sin ganas de escuchar o ayudar al otro), pero con una alegría nueva que nos hace sentir esa criatura que va creciendo dentro de nosotros, es Jesús, que al ser mansos y humildes de corazón va arraigando dentro.
Por que, tengamos esto claro, Jesús nació, pero también, y eso es un misterio, puede y debe nacer el día de Navidad en nosotros si nos preparamos bien. Intentémoslo este año, hagamos todo lo posible por imitar a Juan el bautista, él nos enseña con su humildad, austeridad, y sacrificio a preparar nuestra alma para el gran día.
(matrimonio, dos hijos, pertenecen a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
“Mira, es que yo soy así….yo siempre lo he hecho de esta manera…estoy acostumbrado a ésto… y a mis años no voy a cambiar…”. Frases como estas y similares estamos acostumbrados a decirlas y a escucharlas. ¿No son un autoengaño para ahorrarnos el esfuerzo de buscar cual es el camino más evangélico en unos casos, de justificar nuestros faltas y pecados en otros?
Os proponemos analizarnos, meditar delante del Señor para detectar actitudes como ésta en nosotros. Oremos al Señor para que con la fuerza del Espíritu Santo vivamos en una actitud de continua conversión, más si cabe en este tiempo de Adviento. Busquemos el momento para celebrar el sacramento de la reconciliación, viviéndolo como una gracia que nos da el Señor para ayudarnos a vivir una vida más evangélica.