(mujer, casada, con dos hijos, trabaja, pertenece sindicato y a grupo cristiano)
Me imagino a Jesús con sus discípulos. De camino a algún pueblo se desvía un poco para atender a los que le llaman.
Me pregunto si no estoy ignorando a los desempleados cuando me dedico a atender los intereses de los que me han elegido.
Cuando la empresa utiliza la realización de horas extraordinarias, aún por encima de lo organizativamente imprescindible y razonable ¿no digo nada porque los trabajadores están conformes con cobrar un sobre sueldo? Y ante gratificaciones económicas destinadas a compensar a “algunos” trabajadores ¿me callo para no tenerlos en contra?…
¿Tampoco abro la boca cuando el empresario aumenta un 18% sus beneficios?
“Ten compasión de nosotros” gritan los parados, los inmigrantes, los leprosos de nuestro mundo. ¿Quién vuelve los pasos para dar gloria a Dios?