DESDE LOS ABUELOS

(Matrimonio, jubilados, ocho nietos, pertenecen a grupo de matrimonios)

La lectura del Evangelio de este domingo fortalece nuestra esperanza y nos llena de confianza, por la actitud misericordiosa de Jesús para con el pueblo, pero también la forma en que se dirige a sus discípulos es un aldabonazo a nuestras conciencias, en estos tiempos de crisis y penurias, no solo a nivel local, sino, igualmente, a nivel nacional y mundial. Los cristianos no podemos volver la cara ante los problemas personales y familiares que, tanto el paro como la inmigración, están creando a nuestro alrededor. Reflexionemos sobre las necesidades que deben padecer los que, jugándose la vida de una manera cierta, se arriesgan a cruzar el mar en barcas que no reúnen las más mínimas condiciones y, encima con una carga superior a lo normal, pera venir a un país del que desconocen todo, empezando por el idioma que los aísla y dificulta las condiciones para una normal convivencia. Debemos compartir, con los que más lo necesitan, nuestro tiempo y nuestro dinero. No podemos ser insensibles a la hambruna que, por la pérdida de las cosechas, padecen, AHORA MISMO, en muchos países de África. La insolidaridad adormece nuestras conciencias y nos hace insensibles. Los apóstoles pusieron a disposición de todos lo que tenían y Cristo hizo lo demás. Cuando el amor guía nuestros actos Cristo siempre está a nuestro lado y provee. Pidámosle ser instrumentos dóciles en sus manos, para que, AQUÍ Y AHORA, su Reino prospere y se extienda.
Señor, te pedimos des a nuestros nietos una conciencia recta y solidaria, para que, en la medida de sus posibilidades, estén siempre al quite para tratar de paliar las necesidades de aquellos que las padecen y a nosotros concédenos la posibilidad de ser, para nuestros nietos, ejemplo eficaz para despertar en ellos los inquietudes sociales necesarias para ser seres solidarios.


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