((matrimonio, tres hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
La multiplicación de los panes y los peces, siempre nos ha resultado un poco surrealista, complicada de entender, pero es en la experiencia diaria, confiando en la providencia divina, donde ocurren pequeños milagros que nos hacen descubrir que para nada esto es una ficción.
El Señor, a pesar de ser “tan, todo poderoso”, tiene un hándicap importante, y es, que no le gusta hacer las cosas sin contar con la participación del hombre. Qué le vamos a hacer, nos hizo así, nos dotó de una libertad absoluta, si nosotros , en la mayoría de los casos, no damos el primer paso, coartamos toda actuación divina.
¡Qué importante responsabilidad¡ , ¿no creéis?. A veces pensamos que no podemos hacer nada por solucionar tantos problemas y situaciones difíciles que cada día pueden llegar a confiarnos. Podemos tener dos tipos de actitudes: una, intentar evadirnos, no querer escuchar, no “calentarnos la cabeza con los marrones de los demás…”. La otra actitud es escuchar con el corazón, haciéndonos uno con el que sufre, y, aunque quizás no esté en nuestra mano solucionar esa situación, el hecho de amar al otro escuchándolo, tratando de buscar, si podemos, un remedio, o simplemente, en la mayoría de las veces, orando juntos al Señor por esta situación injusta, esto hace, que pongamos nuestro granito de arena, la parte que necesita el Señor de nuestra parte, para intervenir en la realización del milagro.
Podemos caer en el pesimismo por que vemos que, a nuestro alrededor, a pesar de nuestro esfuerzo, crecen cada vez más las situaciones de injusticia y precariedad, pero esa no debe ser nuestra actitud, por que aunque nos parezca poco, el sólo hecho de escuchar a alguien que se ” ahoga en su problema”, crea lazos tan fuertes a nivel de relación humana, que la persona se siente confortada, en definitiva amada, y eso psicológicamente es un gran paso.
Aprovechemos también cualquier acción solidaria que durante este verano surja para recaudar dinero para el tercer mundo, por que, casi sin milagro, el dinero recaudado en nuestro mundo, se multiplica por cien allí. También esto nos ayudará a salir de nosotros mismos y que, cada día más, surja automáticamente en nuestras relaciones esta predisposición solidaria de la que hablamos.