((matrimonio, tres hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
La parábola de la cizaña, es una parábola que nos invita a no asustarnos, a no tener miedo del mal que convive con nosotros, es natural, no nos tiene que sorprender. Hoy les contaba a los miembros de mi comunidad cómo me llenó la experiencia vivida en una caseta que montamos en la feria del pueblo para sacar dinero para las misiones. Nos encontramos que teníamos poca gente para un turno de trabajo. Los estudiantes estaban en el final del curso, otros con niños pequeños… Se me ocurrió salir a la calle y abordar a aquellos clientes nuestros que año tras año (más de 20 años ya) nos han visto trabajar detrás de la barra. Eran gente en la cual, con nuestra actitud altruista, sembramos, sin querer, una semilla de solidaridad, de trabajar por los más desfavorecidos. Mi sorpresa fue que en menos de dos horas tenía más de 8 personas, muchas de ellas no religiosas, dispuestos a trabajar gratis para una ONG católica. Eso me llenó de alegría. Me hizo pensar en que no es tanto el dinero que saquemos lo importante, el testimonio hizo que en el corazón de esa gente anidara el deseo de ser solidarios como nosotros. Me hizo creer mucho en la bondad innata del hombre. Nosotros, que hemos conocido el amor de Dios, estamos ahí para sembrar y darles ese pequeño empujón que les haga lanzarse al vacío del amor.