(hombre, casado, con tres hijos, trabaja, miembro activo de dos movimientos sociales, pertenece a comunidad cristiana)
Dios-Jesús no se cansa de ofrecernos su Palabra transformadora, su semilla que lo puede todo en todos. No se cansa de tantas infidelidades y reparte su semilla incluso donde no se pueda esperar mucho fruto.
Por nuestra parte y, como respuesta a su donación incondicional, casi nos sentimos obligados a ser una tierra buena y fértil que dé frutos. Y ya sabemos los frutos que espera Jesús de nosotros: el amor responsable a todos, especialmente a los excluidos y sufrientes por cualquier causa, la justicia misericordiosa que transforma el mundo.
Seguramente en nuestra comunidad, asociación, movimiento, familia… haya diferentes respuestas a la invitación permanente de Jesús, a su semilla. Y esta respuesta se visibiliza por los frutos. Si nuestros compromisos generan espacios de amor fraterno, transformaciones de situaciones injustas e incluso persecuciones de los poderosos, es que vamos por buen camino.
Que Dios nos permita guiarnos siempre por su Palabra, para que podamos dar frutos acordes con su semilla.