((matrimonio, tres hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
El que podía haber sido un momento triste porque Jesús se iba definitivamente, se convierte en un momento de consuelo, alegría, serenidad…. Nos dice que se queda, que estará con nosotros “todos los días”. Hemos experimentado esa presencia en nuestra vida y nos hace sentir paz. Pero el momento de su despedida también nos lleva a sentir la responsabilidad de ser los continuadores de la obra que Él comenzó, de seguir extendiendo de palabra y con obras, su modo de actuar y de vivir. Aunque nos sintamos poca cosa, abandonados en manos del Espíritu, sabemos que seremos “instrumentos útiles”
Os invitamos durante esta semana a hacer un ejercicio continuado de adoración de Jesús. Dedícale mentalmente unas palabras, de alabanza, de adoración… cada vez que te encuentres con Él en el hermano, cada vez que le veas en las situaciones que vivas… “Los discípulos, al ver a Jesús, lo adoraron”.
Reserva unas horas de tu semana (en uno o varios días) para revisar tu vida a solas. Plantéate si estás procurando hacer discípulos de Jesús a todos los que te rodean y si les estás enseñando a cumplir lo que Él nos dice. Pregúntate hasta qué punto esto es prioritario para ti. Determina aquello nuevo que puedes y debes hacer y mira como mejorar lo que ya haces. “Id pues y haced mis discípulos a todos los habitantes del mundo… y enseñarles a cumplir todo lo que os he mandado” (Anota estos versículos en lugar que te ayude a tenerlo presente)
Repite cada noche al acostarte o cada día al levantarte “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. Te ayudará a encarar el nuevo día con entusiasmo renovado.Deja que estas palabras vayan calando en ti, créelas a fondo, para que te faciliten el sentir la paz del que se sabe acompañado por Él.