(matrimonio, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
En esta Cuaresma, el reflexionar sobra la figura de la samaritana y su encuentro con Jesús, nos ayudará en nuestro proceso personal de conversión.
“¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?”- Jesús no sigue los parámetros que marca la sociedad de su tiempo. Se acerca a todos aquellos que Él sabe pueden estar necesitados de su mensaje. Intentemos hacer nosotros lo mismo, sin rechazar a nadie, saliendo de nuestro círculo de relaciones.
“…El que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”- Jesús jamás dejó de beber del agua viva de Dios. Los constantes momentos, en que se retiraba a orar, lo corroboran. Y de Él brotó un manantial que llega hasta nuestros días. Esa agua Jesús nos la ofrece. Bebamos del agua viva que nos da su Evangelio, su vida… para que también de nosotros brote un surtidor que salte y que nos lleve a decir “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra”
Procuremos con ganas en estos días de Cuaresma que otros también crean en Cristo y en sus Palabras por las nuestras (“…muchos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer”) Acompañemos la palabra de nuestro ejemplo de vida, para que los que nos escuchen y vean, se conviertan, llegando al final a creer por lo que ellos mismos oigan, por sentirlo a Él como Salvador: “Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.”