((matrimonio, tres hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
A todos nos gustaría que el Señor, en un momento de oscuridad, de dolor, de duda… nos llevara a una cima y nos enseñara lo que les enseñó a los dos discípulos. Ellos tuvieron un anticipo de lo que tendrán el día de su muerte y su entrada en el paraíso. Seguro que sus vidas no fueron igual desde aquel día. Entre tanto, nosotros tenemos que hacer un acto de fe e imaginar que después de este “valle de lágrimas” podremos gozar del paraíso, siempre y cuando vivamos nuestra vida de acuerdo con el Señor. De todas formas, gracias a que Jesús nos lo enseñó, podemos disfrutar de un anticipo de la Gloria, siempre que somos capaces de morir a nosotros mismos, a nuestros gustos, a nuestros planes… y todo esto hecho por amor a los demás. Es la paradoja del amor, morir para nacer. Y sabemos, por que lo hemos experimentado muchas veces, que cuando somos capaces de morir a nuestro yo, por el otro, sentimos una felicidad que no queda más remedio que ser un “retazo” de lo que experimentaron los discípulos al ver la transfiguración: paz, armonía, dicha y gozo.
¿Os imagináis qué sería de nuestra vida si Jesús no nos hubiera enseñado esta manera e transformar el dolor en gozo? El problema es que, por nuestro egoísmo, no somos capaces de hacerlo siempre así, y nos venimos abajo, nos recreamos en nuestra pena, en nuestro dolor, y queremos que los otros se den cuenta de lo mal que lo estamos pasando, de la pena que deben de tener de nosotros. ¡Ay! ¡Qué necios somos, y encima sabiendo que esa no es la fórmula! ¡Qué paciencia tienes que tener con nosotros Señor! Pero no importa, el Señor nos quiere, aún con nuestros defectos y podemos intentarlo de nuevo cada dia, con alegría, venga lo que venga, y sin esperar mucho para agarrar el toro por los cuernos. ¡Ánimo!