(matrimonio, jubilados, ocho nietos, pertenecen a grupo de matrimonios)
El relato, escueto, que hace Mateo de cómo fue el nacimiento de Jesús, rematándolo con la referencia a la profecía de Isaías, nos sitúa ante un acontecimiento anunciado siglos antes, por dicho profeta y que supuso para la humanidad un cambio tan radical, como no ha habido otro en la historia de la creación y que muchos hombres y mujeres, de todos los tiempos, empezando por su pueblo, al que se le había anunciado en montones de ocasiones, por boca de los profetas y terminando por generaciones de gentiles, incluidos muchos de nosotros, los cristianos, que después de haber recibido la buena nueva y dados por evangelizados, aún actuamos sin estar muy convencidos (así lo creemos sinceramente) de lo que supuso ese acontecimiento: Dios se hace presente en nuestras vidas, se hace pobre entre los pobres, sufre infinidad de penalidades a lo largo de su vida, hasta la muerte de cruz, la más ignominiosa que se conocía en su época; fue ejemplar en todas sus acciones, consecuente con sus parábolas, para darnos un ejemplo de referencia para nuestras conductas, después del fracaso que supuso el ejemplo de Adam, motivado por la libertad que les dio y de la hicieron un pésimo uso, de la que somos herederos y de la cual ha sido siempre celoso. ¿Qué esperamos aún? ¿Qué venga otra vez físicamente?. Posiblemente haríamos con Él lo que hizo su generación… o, quizás algo peor,
Señor, ven a nosotros, que te esperamos, actúa en nuestras vidas para darnos el impulso renovador a través del Espíritu Santos, que la herencia de esa renovación la transmitamos a nuestros nietos y que sean fuertes frente a los vaivenes a los que han de enfrentarse a lo largo de sus vidas, que presumimos bastante complicadas, a tenor de los acontecimientos que se vienen desencadenando en los últimos tiempos; que sean árboles flexibles que se doblen pero que no se rompan. Señor que tu venida los colme y nos colme de alegrías y de gozos.