(matrimonio, ambos empleados de empresa; pertenecen a comunidad cristiana)
Decimos en la oración que Jesús nos enseña: “danos cada día nuestro pan”.
Así de simple, así de fácil, pero no es tan fácil hacer que Dios nos dé el pan cada día. Cuesta las mejores 8 horas de nuestro día, si no más, cuesta muchas preocupaciones que no se quedan en la oficina, cuesta muchas horas de estudio o trabajo pensando en el pan del futuro, cuesta broncas y malestares con los compañeros de trabajo, etc.
Y es que no me da el pan Dios, no confío en que me lo dé él, trato de ganármelo yo. Confiaré en que Dios me da el pan cada día cuando vaya al trabajo, no porque sea una obligación que pesa, sino porque es una obligación que llevo con alegría; cuando comparta la vida con los que me rodean y no me encierre en mis obligaciones, cuando ayude en todo lo que pueda a los que me rodean en lugar de tratar de terminar primero lo mío, y todo tratando de cumplir con mis obligaciones lo mejor que sepa. Intentaré vivir esta experiencia de Dios en el trabajo, lo recordaré cada vez que rece el “Padre Nuestro”.
Damos las gracias a Dios por las vacaciones de este verano, ojalá sean fructíferas.