(hombre, casado, trabaja, pertenece a comunidad cristiana, voluntario de patrulla de calle en ONG católica)
No abundan en mi vida los encuentros íntimos con Jesús. Sin embargo, y a pesar de ser pocos, los recuerdo como auténticas experiencias transformadoras que conllevaron cambios substanciales en mi vida. No sabría expresar con palabras qué sentí esas ocasiones en las que todo en mí era Dios. Una de las cosas que destacaría es la intensidad de esos momentos, que contrasta con la manera tan sencilla que tiene Dios de presentarnos sus propuestas, que increíblemente, y a pesar de lo que conllevan, aceptamos con naturalidad. Pues bien, debo atribuir a una de esas experiencias la respuesta a la llamada que Dios me hizo a involucrarme en la vida de las personas sin hogar. Cierto es que no le di un sí inmediato e incondicional, más bien tuvo que transcurrir un largo periodo de discernimiento, que concluyó con la decisión de tratar de aportar mi grano de arena en favor de los más débiles y desfavorecidos de nuestra sociedad. Imagino que todo cristiano necesita ocupar el lugar de Zaqueo en distintos momentos de su vida y ojalá, como él, seamos capaces de dar un paso firme y decidido en defensa de los derechos de los más pobres y excluidos.