(matrimonio con dos hijos, trabajan ambos, pertenecen a movimiento conyugal)
No cabe duda de que es a los padres a quienes nos compete la tarea principal en la educación de los hijos. Somos nosotros quienes debemos, con nuestra palabra y nuestro ejemplo, mostrarles el camino a recorrer y pertrecharlos con el equipaje adecuado. Sin embargo, ese camino no es unidireccional. También nuestros hijos nos muestran con frecuencia la dirección a seguir. Posiblemente este pasaje del Evangelio nos sitúe en uno de esos momentos. Qué duda cabe de que nuestros hijos son consumados especialistas en el arte de pedir. Con tenacidad inasequible al desaliento, sin desanimarse, como Jesús les pedía a sus discípulos, requieren de nosotros cuanto es de su interés, una vez tras otra, obteniendo con frecuencia la recompensa a tanto “esfuerzo”.
En ellos podemos encontrar el mejor ejemplo para dar respuesta a la petición que, también hoy, Jesús nos sigue dirigiendo y tomar conciencia de la importancia de orar, con frecuencia e insistencia, confiando en que Dios Padre nos escuchará.