DESDE LOS ABUELOS

(matrimonio, jubilados, siete nietos, pertenecen a grupo de matrimonios)

Señor, Tu Vida entre nosotros fue un constante magisterio. San Lucas nos relata el pasaje de la pecadora lavando tus pies con sus lágrimas, enjugándolos con sus cabellos y ungiéndolos con perfume, lo que provocó el pensamiento crítico del fariseo. Señor nos viniste a decir, con tu actitud, lo que es una constante en todos los pasajes de tus Evangelios: El amor es el que nos salva, no el mero cumplimiento de las leyes y que nuestro Dios es un Dios de Amor, cuya misericordia, para con nosotros los pecadores, no tiene límites.
Por otra parte, tu respuesta a la pregunta que interiormente se hacía el fariseo, nos enseña que tu amor todo lo puede y que no debemos juzgar la conducta de nuestros hermanos si no es bajo el prisma de ese amor.
Jesús, una vez más nos demuestras que tu venida fue, fundamentalmente, para salvar a los pecadores, que son los más necesitados de tu divina misericordia.
Señor, que, con tu asistencia, sepamos presentar a nuestros nietos, principalmente, tu imagen como la de un amigo que no se apartará jamás de su camino y siempre estará con ellos en las alegrías y en las penas y que si, por desgracia, alguna vez todo y todos les fallasen, Él nunca lo hará.

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