(matrimonio, jubilados, ocho nietos, pertenecen a grupo de matrimonios)
San Lucas nos presenta a un fariseo y a una mujer. El “justo” y la “pecadora”, En el centro JESUS DE NAZARET.
La mujer ama. El fariseo piensa mal, desprecia a la mujer por su condición y a Jesús `por la acogida que le da. En el fondo, por la soberbia de creerse un “bueno integral” (sentimiento que “padecemos”, desgraciadamente, en bastantes ocasiones, muchos cristianos), desconoce el fracaso de sentirse pecador despreciado y la esperanza de recuperar la certeza de sentirnos, nuevamente, en el camino de la salvación tras la alegría del perdón.
Jesús sale en defensa de la mujer. Sus pecados están perdonados, porque ha visto que tiene mucho amor. El fariseo, al no dar señales de amar a Jesús, cree que se le ha perdonado poco.
Con el perdón viene la reconciliación y su primer fruto, LA PAZ.
Jesús nos invita, nos anima a un cambio de vida. Cuando ve arrepentimiento y fe nunca nos niega el perdón y la paz.
A veces (como el fariseo), nos creemos justos, sin “mancha” de mal alguno y despreciamos a los pecadores, manteniéndonos alejados de ellos. Somos muy dados a estar con los “nuestros”, con los que piensan “como yo” y pocas veces nos mezclamos con los otros. Esta manera farisea de ver las cosas está incrustada, fuertemente, en nuestra sociedad actual.
San Lucas nos transmite, hoy como ayer, una primera enseñanza de Jesús en parábolas. Ya los doce iban acompañados de unas mujeres. Algunas de las cuales han sido curadas por Él. Todas sirven y ayudan económicamente a la comunidad. Te pedimos, Señor, que ilumines a los jóvenes y niños para que acojan en su corazón tu Palabra, que no se desanimen ante tanto mal como perciben alrededor de sus vidas a través de los medios de comunicación, que sepan acoger al mas débil y a nosotros dirigir su mirada para que se fijen en tantas personas de corazón noble y generoso como existen en el mundo y que son constantes en ser y en obrar.