DESDE LA SOCIO-ECONOMÍA

(hombre, casado, con tres hijos, trabaja, miembro activo de dos movimientos sociales, pertenece a comunidad cristiana)

Hay dos actitudes frente a las necesidades de nuestro prójimo: mirar hacia otro lado, como pretendían los discípulos entendiendo que con nuestras escasas fuerzas no podemos hacer nada. La otra es poner todo lo que somos al servicio de la solidaridad. La solidaridad hace milagros, la unión hace la fuerza. Todos lo sabemos. Sin embargo, en estos tiempos duros donde los poderosos (mercados financieros, FMI, élites económicas, etc), con la colaboración de los gobiernos de cualquier signo, exprimen a las clases medias en los países desarrollados y continúan explotando y matando la mano de obra barata y/o esclava del Tercer mundo, debemos dar un paso al frente y decir basta. Debemos cargar con la realidad y denunciar la barbarie que se está cometiendo, apoyar las iniciativas económicas que ponen la persona en el centro. Y todo desde nuestro consumo (compremos lo necesario, lo cercano, lo justo, lo ecológico, lo que esté libre de explotación), desde nuestro ahorro (hasta cuando vamos a seguir confiando nuestro dinero a la banca comercial para que siga ahogándonos), desde nuestra actividad profesional, desde nuestro tiempo libre (para convertirlo en servicio y denuncia).
O nos “partimos y servimos al prójimo” como Jesús propuso a los discípulos, como Él hace en cada Eucaristía, o estamos “condenados” a vivir bajo el yugo del egoísmo cada vez más exacerbado e inhumano. Los cristianos hemos de tenerlo muy claro. Que Dios nos de fuerzas para que así sea.


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