DESDE LA SOCIO-ECONOMÍA

(hombre, casado, con tres hijos, trabaja, miembro activo de dos movimientos sociales, pertenece a comunidad cristiana)

Todos hemos experimentado alguna vez la sensación de que, después de un tiempo de vida cristiana más intensa (en cualquier aspecto), Jesús vuelve a alejarse de nosotros, o más bien, nosotros nos alejamos de Él. Los discípulos tuvieron que entender, después de las apariciones, que Jesús, aún sin aparecer, seguía con ellos.
Por nuestra parte, nosotros hemos de vivir y experimentar de que en todo momento y situación Jesús nos “enviará lo que su Padre ha prometido”. Y nos lo enviará sin que hagamos nada, por puro don. Esta es la gran gloria de Dios: que se nos dona por puro don, por puro amor a sus criaturas, por un deseo infinito de hacernos plenos. ¿No deberíamos dar gracias a Dios continuamente como los discípulos?
Sin embargo, en nuestra sociedad muchos cristianos vivimos con perplejidad y gran sufrimiento como los amos del mundo (grandes grupos financieros) primero hundieron la economía, que luego hundió a los países y que finalmente han obligado a los gobiernos recortar el gasto social (véase en Grecia y ahora en España). Frente a esta realidad (de sufrimiento y muerte), Jesús nos asegura que es posible vivir y actuar desde otros parámetros. Si estamos a la escucha, podremos ver donde sopla el Espíritu y unirnos a él para la construcción del Reino. Denunciemos, compartamos, construyamos la economía desde una visión cristiana. En este sentido es muy recomendable leer y poner en práctica la encíclica Caritas in Veritatis.


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