(matrimonio, tres hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
¿Sabéis? El Espíritu Santo, algo tan abstracto algunas veces para nuestro entender, se puede comparar a la luz que sale de la dinamo de una bicicleta. Cuando nos paramos, la luz deja de iluminar. Cuando nos ponemos otra vez en marcha, la luz vuelve a iluminar nuestro camino. Algo parecido nos quiere decir la Palabra de esta semana. Con ponernos a hacer pequeños actos de amor, con ese amor desinteresado que le gusta al Señor, enseguida entramos en la realidad Trinitaria, sentimos el amor del Padre que nos gratifica y reconforta, nos da su paz y cada vez nos sentimos más libres por que apreciamos lo esencial, lo imprescindible. Siguiendo el mensaje de Jesús, su forma de vida radical, sin concesiones al maligno, somos capaces de gozar de su muerte y resurrección, de morir a nosotros mismos para vivir el otro, lo que le gusta a nuestro prójimo más cercano. Y por último, hablemos del Espíritu, de esa luz que nos hace descubrir más fácilmente cual es la voluntad de Dios en nuestra vida, que nos da la Sabiduría para apreciar lo que de verdad merece la pena, aquella que en la vida nos va haciendo cada vez más libres y seguros de lo que tenemos que hacer. Pues nada, a pedalear, o sea, a hacer pequeños actos de amor sin parar y gozaremos del amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Feliz “vuelta ciclista” a todos esta semana.