(matrimonio, jubilados, ocho nietos, pertenecen a grupo de matrimonios)
Han pasado dos milenios desde que Jesús nos dejo el mandamiento nuevo del Amor Fraterno y no digamos los siglos que han pasado desde que Moisés transmitió a su pueblo los diez Mandamientos, que Dios esculpió en las tablas en el monte Horeb. Pues bien, la atención que, en este dilatado tiempo, hemos prestado los humanos, incluidos, por supuesto, los que nos llamamos cristianos, a estos mandamientos ha ido dirigida, fundamentalmente, al quinto, al sexto, al séptimo, al octavo, al noveno, al décimo, más de pasada al tercero y al cuarto y ya, como algo decorativo y que quedan muy bonito, EL PRIMERO Y EL SEGUNDO, pero que son, salvo para los seres cuyos nombres figuran en el santoral (y no todos), muy difíciles o imposibles de cumplir. Tampoco, creo, nos hemos puesto con el debido ardor a esa tarea. No hay más que leer la prensa o ver y escuchar a los distintos medios de información. No digamos en las relaciones particulares y privadas de todos nosotros. Por supuesto que hay excepciones, pero la mayoría de nosotros hacemos muy poco porque el Reino de Dios progrese. Las palabras están muy desacreditadas, hay que actuar. Si Dios hubiese querido resaltar otros mandamientos, lo habría hecho, pero la mayor importancia se la dio al primero, agregándole que además de a Dios hay que amar al prójimo como a nosotros mismos. ¿Cómo vamos a querer a Dios, al que no vemos, si no amamos (y a veces incluso odiamos) al ser humano que tenemos al lado y que vemos todos los días?.
Nos aterra que nuestros nietos, a la vista de estos ejemplos, se desvíen de los caminos del Señor. Principalmente es nuestra responsabilidad. Que Dios haga alardes de su misericordia con nosotros.