DESDE LAS PERSONAS SIN HOGAR

(hombre, casado, trabaja, pertenece a comunidad cristiana, voluntario de patrulla de calle en ONG católica)

Como hacemos con cualquier persona a la que conocemos, a las personas sin hogar las saludamos con un beso o un abrazo. Sin embargo, un gesto tan común en la vida de la gran mayoría de las personas, es visto de manera distinta cuando al menos uno de los implicados es un sin techo. Me explico: situaciones tan cotidianas como sentarse a hablar con un amigo en un banco, tomarse un café en un bar con un familiar o estrechar la mano a un conocido, dejan de ser situaciones normales si una de las personas es un sin hogar; hagan la prueba y verán cómo al poco tiempo se sentirán observados, pues son gestos que sin duda llaman la atención de muchas personas, que miran extrañadas lo inusual del “acontecimiento”. No termino de acostumbrarme a estas situaciones, y no lo digo porque me importe lo que puedan pensar los demás, sino porque a mi juicio demuestran la progresiva deshumanización que sufre una buena parte de la sociedad. A pesar de ello prefiero ver el vaso medio lleno, ya que también conozco a otros muchos hombres y mujeres que, viviendo el mandamiento del amor, no como una obligación, sino como la razón de su existencia, demuestran con sus obras ser auténticos discípulos de Jesús resucitado.


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