DESDE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS

(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)

La vida está repleta de pequeñas muertes. Así son las cosas. No todo sale a pedir de boca, incluso para nuestros hijos. Eso lo puede comprobar cada uno de ellos mismos, a su escala, cuando experimenta un fracaso al suspender un control de inglés; o la exclusión cuando no encuentra grupo para hacer un trabajo de clase, porque ya todos están completos y no se dignan a admitir a nadie más; o el abatimiento cuando pierde un partido de baloncesto; el desánimo cuando organizamos una salida y se pone a llover; la pena por la muerte de un ser querido cercano… y así podríamos seguir con muchos ejemplos más. No pueden vivir en una burbuja de cristal. Es imposible, y sería negativo para su desarrollo. Ven que después de cada nubarrón vuelve a salir el sol, y que la vida les sigue sonriendo. Después de cada sacrificio hay una vida nueva, porque salen reforzados de la experiencia. Se hacen más humanos, piensan en el otro, son menos egoístas. Nosotros como padres debemos ayudarles a aceptar la muerte al bebé que fueron y a nacer a niños más maduros, a adolescentes más capaces y jóvenes que miran con alegría un camino lleno de baches. Por encima de todo, da un sentido especial a la vida saber que Jesús, después de morir en la cruz, ha resucitado. Ese convencimiento es capaz de transformarnos en enviados, en convertirnos en seguidores, en cambiarnos en personas confiadas en su Palabra. ¡Feliz Pascua!


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