PARA VIVIR ESTA SEMANA

(matrimonio, tres hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Comenzamos la Semana Santa, esa semana tan esperada, tan santa y a la vez tan frivolizada. Parece como si estuviéramos en el propio escenario de la entrada de Jesús en Jerusalén. Lo aclamamos, enarbolamos la bandera de “nuestra Semana más importante”, y a medida que avanzamos en la semana, le traicionamos quedándonos en lo festivo-cultural, el bullicio en las calles, en ir bien arregladitos… ¿Somos capaces de darle la importancia que tiene a lo que acontece esta semana? ¿Es la cruz nuestro único medio para salvarnos?… Creemos que la mejor forma de afrontar este tiempo es abrazar las cruces de cada día, los dolores físicos (ese dolor de estómago, esa rodilla..) y psíquicos (incomprensiones, sentirnos ignorados, preocupaciones..), y tras decir al Señor: “Por ti, lo acepto y te quiero glorificar incluso a sí”, nos pondremos a amar al prójimo más cercano. Desde por la mañana, saludando al portero del bloque con una sonrisa amable, haciendo un dulce para la abuela, acicalandonos para no parecer que sufrimos por dentro… Al final del día, ese dolor, quizás no desaparezca, pero estaremos felices por estar muy cerquita de Dios.
Miremos las imágenes con respeto, meditando cómo el Señor nos amó tanto que sufrió por nosotros y llegó a dar su vida. Fijémonos en esa cruz y unamos nuestros pequeños o grandes sufrimientos a ella, con la convicción de que la transformación de “dolor en amor”, nos lo enseñó Jesús para que fuéramos plenamente felices, venga lo que venga.


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