DESDE LA SOCIO-ECONOMÍA

(hombre, casado, con tres hijos, trabaja, miembro activo de dos movimientos sociales, pertenece a comunidad cristiana)

Jesús no quiere que pequemos más, pero por eso mismo no nos condena (no vino a condenar, sino a salvar). Sólo desde el amor-misericordia podemos transformarnos y transformar a otros. Aborrezcamos el pecado, pero amemos a los pecadores (a todos, empezando por nosotros mismos).
Por otra parte, es triste que desde tiempos de Jesús los pecados más repudiados (que podrían llevar a la muerte) eran los del “sexo”. Desgraciadamente en muchos ambientes cristianos sigue siendo así (a pesar de todo lo que ha llovido en este aspecto). Quiero decir que otros pecados que afectan tanto o mucho más a la vida de nuestros semejantes pasan desapercibidos y de hecho casi no somos conscientes de ellos: envidia, ansia de poder, de riqueza, indiferencia ante la injusticia, hambre, muerte y explotación, falta de solidaridad con los cercanos y lejanos, falta de implicación social, o tantos otros pecados de omisión que hoy claman al cielo.
Jesús nos invita siempre, desde su Amor, a “no pecar más”. No dejemos que los pecados “privados” nos impidan ver nuestros pecados “sociales” de los que participamos una inmensa mayoría y hagamos de nuestra vida una puerta a la oportunidad para todas las personas.


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