DESDE LOS SIN TECHO

(hombre, recién casado, trabaja, pertenece a comunidad cristiana, voluntario de patrulla de calle en ONG católica)

Solo o en comunidad me preparo para el encuentro, dejo a un lado las preocupaciones, los quehaceres, el bullicio y, no sin dificultad, trato de escuchar en el silencio. A continuación, una mezcla de agradables sensaciones son el preámbulo del encuentro íntimo con Jesús en la oración. Y es ahí, en esa vivencia única, inefable y no siempre alcanzable, cuando vivo mi particular y cotidiano Pentecostés. De una parte, porque creo que ese remanso de paz es prueba irrefutable del encuentro con Dios, y de otra, porque un “yo” habitualmente conformista y adormecido, deja a un lado sus habituales ocupaciones y se siente enviado a cambiar muchas de las cosas y situaciones que le rodean. Por desgracia son múltiples las realidades que necesitan de al menos mi oración, pero si renegara de las personas que viven en la calle o en la indigencia, estaría negando la evidencia de la llamada que me hace el mismísimo Espíritu. Cierto es que en ellos he encontrado mucho sufrimiento, más del que podía pensar en un principio, pero por paradójico que pueda parecer, también en ellos he encontrado mi vocación y mi felicidad.


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