DESDE LAS PERSONAS SIN HOGAR

(hombre, casado, trabaja, pertenece a comunidad cristiana, voluntario de patrulla de calle en ONG católica)

A mi juicio, este es uno de los pasajes del evangelio que mejor expresa la misericordia de Dios. Al orar con él, creo intuir el inmenso amor que Jesús sintió por la mujer, que es la representación de la persona indefensa, abandonada e injustamente juzgada. Sin duda alguna, cualquier persona sin hogar podría ocupar el lugar de la mujer, pero en cambio dudo de si mi actitud se aproxima más a la de Jesús, en el que sobreabunda la empatía y la ternura, o a la de los escribas y fariseos. No nos engañemos, como en cualquier colectivo, entre los sin techo también nos encontramos con personas que han cometido actos reprobables y a los que no se les concedería el título de “ciudadano honorable”, pero ¿acaso estoy en disposición de tirar la primera piedra? Tengo claro que no, y por eso le agradezco a Dios que me haya enseñado la actitud que debo tomar con ellos, ávidos de encontrarse con personas que no les juzguen y les den una nueva oportunidad.


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