(matrimonio, ambos empleados de empresa; pertenecen a comunidad cristiana)
Es frecuente que mi empresa contrate a gente joven que está terminando la carrera o que la acaba de terminar, gente que aún no ha trabajado nunca y que en la mayoría de los casos no tiene los conocimientos que necesita, porque en la carrera apenas dan formación útil para la vida laboral. Así entré yo en la empresa y hubo gente que se encargó de darme trabajo y ayudarme a que aprendiera. Ahora soy yo el que tiene que realizar la misión de enseñar a otros, tanto, el cómo desenvolverse en la empresa como a nivel del trabajo diario. Y es algo difícil porque cada uno es de una manera de ser, hay quien está más preparado y quien menos, quien aprende más rápido o más lento, quien tiene más o menos interés,… y luego está el hecho de que yo tengo que seguir con mi trabajo habitual. Así que este Evangelio me viene “al pelo”. Porque Jesús me enseña sus heridas para que sepa que es Él, y me envía a los demás. Ahora me toca dar lo mejor de mí a estas personas que acaban de incorporarse a la empresa, tener paciencia y saber comprenderlos, y “enseñarles” las pequeñas cicatrices que se me hayan podido formar en mi vida laboral para que ellos aprendan y no cometan los mismos errores que yo.
Jesús me ha enviado y me dice que su Espíritu Santo está conmigo.
Jesús me ha enviado y me dice que su Espíritu Santo está conmigo.