(matrimonio con dos hijos, voluntario de ONG en país musulmán, trabaja en la misión, pertenece a comunidad cristiana)
En un país distinto al nuestro nos encontramos que tenemos un poco de todos los personajes de la parábola de Jesús. Por un lado, somos hijo pródigo desde un punto de vista estructural: venimos de un país que durante siglos ha estado explotando a otros países llamados “del tercer mundo”. Si ahora estamos aquí trabajando y viviendo es, en gran parte, porque desde nuestro continente se ha llevado a cabo una política de explotación durante años que ha resultado en una situación inestable y vulnerable en este país. Así pues, como el Hijo deberíamos venir aquí con una actitud humilde, dispuestos a servir y no a dar lecciones.
Por otro lado, tenemos un poco de hermano mayor: es fácil estando aquí criticar lo que vemos, la falta de infraestructuras, la precariedad de la sanidad, el tipo de educación de la escuela, la poca implicación del gobierno… y pensar que “es su responsabilidad, allá ellos”, porque nosotros venimos de un país donde ha habido unos logros sociales que consideramos por encima de los del tercer mundo.
Finalmente, tenemos un poco de padre, ya que nuestra intención cuando estamos en un país del tercer mundo es no juzgar a los que están a nuestro lado y nos acogen, querer independientemente de las circunstancias de cada uno y ofrecer un ejemplo de misericordia y de amor a los otros.
Hoy Jesús nos llama a ser Padre, a vivir en este mundo con una actitud abierta y acogedora hacia los que son distintos a nosotros o actúan siguiendo otros patrones.