(matrimonio, tres hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
La parábola del hijo pródigo nos rompe muchos esquemas de nuestra forma de actuar ante personas que se han equivocado en su vida y también ante aquellos que nos ofenden de una u otra forma. A menudo nos vienen a la cabeza juicios para nada alentadores y los expresamos con una frialdad que nos sorprende incluso a nosotros:
“No tiene nada más que lo que se ha buscado”; “…¡Ahora va a venir a contarme películas…¡” “!Arrieros somos, y en el camino nos encontraremos¡.
Qué distinto es el amor del Padre. Necesitaríamos entender su misericordia para acoger a los otros con el mismo cariño con el que el Señor nos acoge.
En esta semana tratemos de darnos cuenta si actuamos ante los demás como el hermano despechado o bien como el padre que acoge a su hijo querido en su seno. Intentemos “ser padres” del que venga a nuestro encuentro.¿ Es que acaso le vamos a dar una piedra cuando nos pide pan?. Y desterremos de nuestros comentarios esos juicios frívolos ante la vida de los demás, intentando disculpar su forma de actuar, ya que cada persona es única, con sus problemas, con su bagaje de vida, con sus cosas. Disculpar, disculpar siempre, eso haría un padre.